El club de boxeo que entrena fumando marihuana

Con apenas medio año de existencia, Boxing & Weed se instaló en la ciudad de Curicó (Chile) con un inusual método de entrenamiento que suma todos los días más adeptos: fumar hierba, pegar duro y volarse practicando boxeo mientras escuchan heavy metal a todo volumen. Son 24 miembros, mujeres y hombres de diversas edades y profesiones, que utilizan la marihuana como un medio para mejorar su rendimiento. Así pegan los cogollos en tierras curicanas.

 

Es viernes por la noche en Curicó y el patio trasero de un pequeño gimnasio recibe a los alumnos que vienen al entrenamiento de boxeo. Algunos elongan y conversan mientras se forma el círculo ritual de inicio de la clase para el que Edgardo (35), dueño de un growshop, acaba de enrolar dos pitos grandes y olorosos. “Ésta es Mazar, una variedad índica potente y de volón corporal ideal para el ejercicio”, dice antes de exhalar una inmensa bocanada de humo. Con el blues de Muddy Waters sonando de fondo, el entrenador da las instrucciones para esta sesión, interrumpiéndose sólo para fumar y pasar los cigarrillos entre sus alumnos. Cuando ya no quedan ni las colas y abundan las risas, anuncia a viva voz: “¡Ya, ahora todos a calentar!”

Con esta ceremonia comienzan los entrenamientos de Boxing & Weed, el club deportivo y social que hace 6 meses fundó un grupo de curicanos aficionados a las peleas y a fumar marihuana. Su líder es Felipe Goren (30), médico general y boxeador amateur desde los 19 años, quien hasta ahora ha congregado a 20 hombres y 4 mujeres que siguen su método al pie de la letra. Ingenieros comerciales, agrónomos, estudiantes universitarios y una abogada son algunos de los miembros del club que se juntan cuatro noches a la semana y cuyas edades fluctúan entre los 18 y los 54 años.

“Es la mezcla perfecta entre un deporte de contacto y la tranquilidad para enfrentar al oponente con reflejos y soltura. Fumar no solo te ayuda a superar el cansancio durante los primeros 20 minutos de calentamiento, sino también te enfoca en aprender los aspectos técnicos durante toda la clase”, cuenta Felipe mientras supervisa los movimientos de sus alumnos. Explica que la marihuana actúa de forma muy similar a los opioides, semejante a un relajante muscular, estimulando el sistema parasimpático y causando un estado de soltura corporal que permite controlar mejor la respiración, la presión sanguínea y los latidos del corazón.

 

En 2014, cansado de no encontrar un gimnasio que le gustara, Felipe se instaló con un par de amigos en el patio de su casa para entrenar escuchando heavy metal mientras fumaban. Trotando se dieron cuenta que volados duraban muchos kilómetros sin parar, así que decidieron integrar los pitos a cada sesión. “Con marihuana en los entrenamientos la superación reside en el aguante y la resistencia para romper la barrera del dolor, eso es lo que te permite llegar más lejos”, dice el doctor sobre la teoría que sigue sumando adeptos en la ciudad. De los 8 que iniciaron el club, ahora son 24 y siguen recibiendo gente.

VOLAR ES PARA TODOS

 

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Durante las clases el heavy metal es ley y Slayer suena fuerte en el reducido espacio que tienen los 14 alumnos que llegaron esta vez. La primera parte del entrenamiento es un extenuante circuito de ejercicios de calentamiento: trote corto con saltos, 10 flexiones de brazos y luego levantarse rápido para repetir, sin parar. A simple vista no hay señales de que los alumnos estén drogados, pero las pupilas dilatadas de sus ojos enrojecidos denotan un estado de concentración en el que cada uno sigue su propio ritmo sin presiones, lo que agradecen los cuatro miembros de más edad.

Hernán Neira (45), dueño de un taller de metalmecánica, nunca había boxeado y ahora viene tres veces por semana. La marihuana la había probado un par de veces. “Me metí a este club y tenía sentimientos encontrados con el tema, pero era una huevá de ignorancia que te meten de chico”. Reconoce que la separación de su esposa lo tuvo deprimido por años y que llegó pesando 107 kilos. En sus 4 meses en el club ha logrado bajar 14 kilos. “Lo que me ayudó fue el deporte y la hierba, es una terapia. Y volví a escuchar el metal que disfrutaba en mi adolescencia. Ha sido una experiencia increíble”, dice mientras se calza los guantes.

El mecánico opina que el Estado debería legalizar esta droga. “Es una planta como cualquier otra. ¿Por qué no convivir con ella en armonía y aprovecharla? Yo recomiendo este entrenamiento a la gente de mi edad y más viejos, tiene muchas propiedades para trabajar la mente y el cuerpo. Que no sean miedosos”, dice Hernán antes de ponerse a hacer combinaciones de golpes con uno de sus compañeros. Cuenta que cuando su hijo mayor cumpla 18 años, piensa invitarlo a unirse para pasar más tiempo con él.

Aunque partió como un club de puros hombres, pronto comenzaron a invitar mujeres. “Pasó cuando se puso de moda el “ni una menos”. Creo que es mejor para una mina tomar medidas que reclamar a través de una imagen. Tener la tranquilidad de caminar sin que ningún hueón se pase de listo contigo”, dice Goren.

Todos coinciden en que Dani Miranda (22) es la más constante y talentosa, e incluso la postulan para subirse pronto al ring. Es mesera en un café y jamás había boxeado, pero ahora golpea más rápido que todos. “Siempre quise aprender a sacarle la chucha a alguien pero nunca había peleado. Al principio te sentís como hueona tirando las manos. No habría practicado esto si no hubiese sido de esta forma tan relajante y divertida”, dice mientras hace sombra tirando combos al aire. “Con marihuana te enfocas en la respiración, en el movimiento, en rebotar bien. Entrenando así la mente se libera de inseguridades, sólo importa lo que estoy haciendo ahora, nada más”.

Dani ha intentado meter a sus amigas en el club pero dice que no la pescan mucho. “La mayoría de las mujeres se paralizan con un ataque, pero con preparación el cuerpo después responde solo. Hay que saber defenderse, está muy peligroso el ambiente para todas y podría salvarte la vida”, advierte.

BOXEO PARA EL CUERPO, WEED PARA LA MENTE

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Felipe pone una canción de Suicidal Tendencies, enrolla un pito y motiva a sus estudiantes para la última media hora. “¡Vamos! ¡Round, round! ¡El dolor es parte de esto, no paren!”, grita mientras llama a un alumno para darle consejos y aprovecha de ofrecerle una calada con sus manos, debido a que los guantes le impiden al joven tomar el cigarrillo.

El entrenador es asistido en las clases por Álex Álvarez (27), boxeador profesional de categoría pesado que en 2005 fue subcampeón medio-mediano ligero de Chile. Compite desde los 13 años y está lesionado, pero espera volver a pelear en un par de meses. Se autodenomina el más volado de todos. “La idea es que el boxeo nos fortalezca físicamente y la hierba, mentalmente. Es increíble fumarte un petardo y empezar a entrenar, pensai miles de hueás. Te pasai la película de que eres un campeón y te concentras caleta. Si yo tengo miedo debo utilizarlo para estar atento, y con la hierba lo manejo”, describe.

“Aquí salimos del mundo de lo normal y nos metemos en una mentalidad de guerra, de entrenar duro pero siempre con pensamientos positivos. Porque no es la idea fumar y subirse a un ring, pero sirve para prepararse psicológicamente. Así entrenas mentalizado en lo que quieres ser y fumado se hace con ganas”, cuenta el boxeador. Álvarez es abstemio desde hace 3 años y prefiere fumarse un buen cogollo antes que tomar, porque con el trago cuenta que se pone violento. “Como peleador andar copeteado es lo peor, en una mocha podía sacar las manos y dejar la cagá. Y aunque la gente piense que soy un drogadicto, yo sé que estoy mucho mejor que otros boxeadores que puro se curan”, dice con seguridad.

TERCER TIEMPO

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El último ejercicio de la jornada es de autoría del doctor Goren. Al ritmo de Pantera todos se abrazan en círculo y empiezan a girar hasta que da la orden. Entonces, igual que en un concierto, hacen un violento mosh y se empujan fuertemente, intentando mantenerse en el centro y de pie. “Es un buen entrenamiento para la estabilidad: impactarse y volar a la chucha, volver y contraatacar con todo. Además que es más gracioso que la cresta”, dice Juan Pablo (28), técnico agrónomo y miembro fundador. Ante la pregunta de dónde sale la marihuana, aclara que aquí está prohibido vender y que todos deben aportar para el entrenamiento.

Los alumnos aplauden el final de la clase y se felicitan por su progreso. Ha llegado el momento del ritual de cierre: nuevamente en círculo, un alumno saca un bong de vidrio que pasan de mano en mano, compartiendo los pensamientos y apreciaciones de cada uno. Sobre este pipazo final que le saca tos a varios, Felipe explica que sirve como un analgésico y antiinflamatorio altamente efectivo. Y además da mucha hambre, por lo que todos se visten para salir al ansiado tercer tiempo. Esta noche irán por chorrillanas y cervezas.

“La idea es evolucionar hasta llegar a competir por el club. Ese es el objetivo para el 2017, subirnos al ring”, dice el doctor devorando papas fritas. El cansancio es evidente en las caras de todos, pero nunca tanto como para rechazar el último cohete de la noche afuera del restaurante. “Esta es una verdadera terapia. Te ponís a pensar en toda la mierda del día, en tus malas reacciones, en cómo ser mejor mañana, autosatisfacerse y autoconocerte. Mandar a la cresta los problemas”, dice Dani antes de anunciar su retirada a casa. “Es un método ideal para las personas que están en la esfera de lo neurótico, que es la mayoría de la población chilena. No hay nada como agarrarse a combos como caballeros y después compartir un buen porro”, afirma Goren largando un espeso humo gris de su boca.

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*Fotos Pablo Muñoz

Por: Matías Burgos
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