Mexico's Julio Cesar Chavez, sings before his final bout May 22, 2004 at Plaza Monumental, the world's largest bull-fighting ring., in Mexico City. Julio Cesar Chavez ended his career with a victory Saturday night, outpointing old nemesis Frankie Randall. (AP Photo/Marco Ugarte)

Gracias a Dios que existen los mexicanos en el boxeo

Siempre que se hable de un boxeador mexicano, inmediatamente vendrán a la mente palabras como, guerrero, valentía, coraje, o frases que se hicieron famosas como “desquita el sueldo” “nunca se da por vencido” “no sé cómo sigue de pie” “es todo corazón“.

Si bien es cierto las virtudes y cualidades antes mencionadas describen al boxeador mexicano, equivocadamente se cree que son las únicas. El boxeador mexicano, no tiene un estilo definido como por ejemplo si me permiten la comparación, el Barcelona, que trata de respetar un estilo y filosofía de vida tanto dentro como fuera de la cancha. Me parece que su forma de expresarse en los encordados va ligada a su mentor, es decir, su entrenador siempre y cuando lo tuviese desde sus inicios.

Por muchos años se pensó, que el boxeador mexicano era un sparring en una pelea oficial cuando no eran figuras o cobraban grandes bolsas. Muchas veces, iban como víctimas aquellos que tenían records engañosos, o que simplemente utilizaban este deporte como un segundo trabajo para “ganar unos pesos” y en muchas ocasiones estropearon las noches.

La diversidad que existe en los últimos treinta o cuarenta años del boxeo mexicano es sobresaliente. En una misma cartelera puede combatir un tipo como Orlando “Siri” Salido, con un tren de pelea infranqueable e incesante dejando de lado cualquier tipo de defensa, a un tipo contragolpeador como Juan Francisco “Gallito” Estrada, derrochando técnica, quitándose golpes y peleando a distancia.

Un boxeador reconocido como una máquina de desgaste y lanzar golpes como lo fue Julio César Chávez, nunca fue reconocido por tener una gran defensa, sino por tener una gran quijada, dejando de lado su forma de ofender y quitarse golpes combinando estas dos formas, como me atrevería a decir nadie lo ha hecho en la historia. Que me dicen de Ricardo López, Martín “Gallito” Castillo, Marco Antonio Barrera (después de Hamed), Salvador Sánchez, José Luis “Maestrito” López, Vicente Saldívar, Gilberto Román, Erik Morales, Juan Manuel Márquez, entre tantos otros que tenían una gran ofensiva, porcentaje de nocauts, pero que sabían recorrer el ring y adaptarse en el momento.

El estilete de este jornalero del ring, es preponderar el boxeo ofensivo sin ninguna duda. El llamará cobarde e invitará a su oponente a plantarse cuando las cosas no se den. Él se debe al público y tiene un contrato intrínseco para brindar un espectáculo, porque desquitará hasta la última plata que se le adelantó. Tiene un gran defecto, sale de su plan de pelea cuando desafían su valentía, se fajará cuando no debe de hacerlo, no tocará el suelo porque no le gusta derrumbarse.

La escuela de boxeo mexicano, está más allá de los encordados. El boxeador mexicano es tímido, es serio, odia a los parlanchines, busca el sueño de ser campeón mundial y ayudar a los suyos, viene en su mayoría de lugares humildes y sabe que de conseguirlo, su vida cambiará.

Me retiro con una frase que no coloqué en el primer párrafo, simplemente para ponerla al final.

“Gracias a Dios que existen los mexicanos en el boxeo”

Por: Manuel Real (el pulso del Boxeo)

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